Steve Jobs "entró en cólera" por un tweet enviado desde un iPad. El problema es que lo mandó un periodista al que Apple se lo había prestado

4 de febrero de 2010. Alan Murray, editor online ejecutivo de The Wall Street Journal, hace algo que parece completamente inocente: envía un tweet desde un iPad. El dispositivo llevaba una semana en boca de todos desde su presentación oficial el 27 de enero, pero todavía no había salido a la venta. Apple se lo había prestado a Murray y otros directivos del WSJ semanas antes como parte de una estrategia para que los grandes medios desarrollaran apps para el iPad.
El tweet desapareció casi al instante. Y según filtraciones de la época fue porque Steve Jobs "había entrado en cólera".
Un Jobs que estaba especialmente tenso esos días
El CEO de Apple no solía perder los nervios en público, pero las semanas previas al lanzamiento del iPad fueron particularmente duras. Durante una reunión con The New York Times, Jobs reconoció que estaba recibiendo "auténticas barbaridades" por email. Cosas del estilo "Que te jodan a ti y a tu familia".
La presión era enorme. El iPad era el primer producto nuevo de Apple después del iPhone y Jobs sabía que cualquier filtración, cualquier mención fuera de su control, podía desvirtuar el mensaje que llevaban meses preparando. En ese contexto, un simple tweet de un editor del WSJ diciendo que tenía un iPad entre manos era suficiente para desatar su furia.
Alan Murray, el responsable del tweet, dijo que le encantaría hablar del asunto pero que no podía. Más tarde, en un email, añadió algo más:
Diré que la paranoia general de Apple sobre la cobertura de prensa es realmente extraordinaria. Pero eso no te cuenta nada que no supieras ya.

Cortejar a los medios y censurarlos a la vez
Lo más curioso de todo es que Apple había ido expresamente a buscar a The Wall Street Journal y The New York Times. El iPad iba a salvar a los medios tradicionales, que las revistas y periódicos encontrarían en la tableta una segunda vida con apps interactivas y modelos de suscripción renovados. Jobs necesitaba que los grandes nombres de la prensa estuvieran dentro desde el principio.
Pero había una regla: nadie podía hablar públicamente del iPad sin permiso de Apple. Ni siquiera los medios a los que Apple se lo había dejado. Murray rompió esa regla, probablemente sin ser consciente de la dimensión del lío que iba a montar, y Jobs reaccionó como solo él sabía hacerlo: con control absoluto.
El tweet desapareció. Nadie en el WSJ dio explicaciones oficiales. Y la industria tecnológica aprendió (una vez más) que cuando Apple prestaba algo, las condiciones eran inquebrantables.

Una semana antes, el 1 de febrero, había ocurrido algo parecido pero con final feliz para Apple. Stephen Colbert sacó un iPad del bolsillo en pleno directo de los Grammy y leyó las nominaciones desde ahí. Millones de personas vieron el dispositivo en prime time sin que Apple gastara un euro.
La diferencia estaba en el control. Colbert había pedido permiso, Apple había dicho que sí, y todo estaba preparado: le prestaron el iPad entre bastidores, lo usó en el escenario y lo devolvió nada más bajar. Ni un minuto más de lo pactado.
Cuando Apple decidía cuándo y cómo aparecía el iPad, perfecto. Cuando un editor del WSJ decidía por su cuenta enviar un tweet, furia. Así funcionaba Jobs. El iPad salió a la venta el 3 de abril de 2010. En menos de un mes vendió su primer millón de unidades. Ese control obsesivo, esa paranoia que Murray describía como "extraordinaria", acabó funcionando. Al menos hasta que alguien enviaba un tweet.
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Fuente: Applesfera
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