Cuando éramos la resistencia

Cuando éramos la resistencia

  • Todos los domingos, a las 9:00: un artículo especial - con tono más personal - relacionado con estos 20 años de aventuras en el mundo Apple. 

¿Te acuerdas de aquellas noches? Parecían reuniones clandestinas. Como si estuviéramos planeando el asalto al mundo, pero con un Power Mac bajo el brazo y un iPod en el bolsillo. Cada dos semanas, un viernes cualquiera, nos citábamos en aquel restaurante a las afueras de la ciudad. Subíamos al altillo, movíamos mesas, desplegábamos monitores gigantes como si fueran estandartes y empezaba algo que hoy sería difícil de explicar.

No eran quedadas tecnológicas. Eran celebraciones.

Cada uno llevaba lo que tenía. Su último Mac. Un Power Mac recién comprado. Un iPod con música nueva. Alguno aparecía con una reliquia rescatada del pasado y nos preguntábamos entre todos qué podíamos hacer con ella. Compartíamos aplicaciones, trucos, descubrimientos. Charlas improvisadas. Demostraciones torpes y entusiastas. Nos pasábamos software como quien comparte pan en una mesa larga.

Era una época de maravillarnos.

A principios de los 2000 la tecnología era gris. Funcionaba, sí. Era útil. Pero no emocionaba, no hablaba de sensaciones ni de propósito. No tenía relato. Nosotros sí. Nosotros le poníamos la pasión que no venía en la caja. Ser maquero no era sentirse mejor que nadie; era entender que la tecnología también podía vivirse de otra manera. Más humana, más creativa, más propia.

Éramos pocos. Y eso nos unía.

Los cambios y la esperanza

Macs de la época de los 2000

Recuerdo la transición de PowerPC a Intel en una de aquellas comidas del Grupo de Usuarios Macintosh de Alicante. Recuerdo el enfado. Recuerdo la incertidumbre. Y recuerdo, sobre todo, la esperanza. La sensación de estar viviendo algo que iba a cambiar las reglas del juego. No lo seguíamos por streaming. Lo discutíamos mirándonos a los ojos.

Después volvíamos a casa cargados de ideas. De programas nuevos. De ganas de probar cosas hasta las tantas. Internet ya existía, claro. Pero no existía esa cercanía. Esa conexión que se da cuando alguien, a medio metro de ti, te enseña algo que ha descubierto y te dice: “Tienes que ver esto”.

Nos reconocíamos incluso en los semáforos. Una pegatina con la manzana en el coche bastaba para saber que el otro era de los nuestros. Éramos como una pequeña resistencia tecnológica. No contra nadie. A favor de algo.

Volver a mirarnos

Reunión del GUM Alicante a principios de los 2000

Hoy todo es distinto. Y afortunadamente mejor en muchas cosas. La tecnología se ha democratizado. Todas las marcas hablan de experiencia, de emociones, de propósito. Apple sigue haciéndolo a su manera, y para algunos de nosotros sigue siendo la que más nos encaja. Pero aquella sensación de pioneros, de estar construyendo y compartiendo algo juntos desde la presencialidad, eso era otra cosa.

Y lo echo de menos.

Vivimos hiperconectados. A miles de kilómetros y a un clic de distancia. Eso está bien, es útil. Es necesario. Pero quizá hemos perdido algo por el camino. Tal vez, el mundo Apple - y no me refiero a la empresa, sino a nosotros - debería recuperar un poco de esa cercanía.

No hace falta montar un Grupo de Usuarios Macintosh en un altillo. Basta con sentarse con tu familia o tus amigos y enseñar ese atajo que has descubierto en el iPhone. Compartir el último truco que has leído. Explicar por qué te emociona una función nueva. Volver a enseñar el iPod como si fuera un tesoro. No desde el fanatismo, sino desde la complicidad.

Aquello, al final, no iba tan sólo de la marca. Iba de pertenencia. De compañerismo. De sentir que las herramientas que usábamos podían ayudarnos a crear algo mejor de lo que habíamos encontrado.

Eso era lo importante.

Y debe seguir siéndolo.

En Applesfera | La sección “Contectando los puntos”

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La noticia Cuando éramos la resistencia fue publicada originalmente en Applesfera por Pedro Aznar .




Fuente: Applesfera
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