Cuando un alpinista vive experiencias límite en la montaña, su cerebro empieza a imaginar algo: un "tercer hombre"
No todas las aventuras tienen que resolverse con éxito para convertirse en épicas. Ocurrió con la conocida como Transantártica Imperial , la expedición que partió de Inglaterra en agosto de 1914 bajo las órdenes del explorador Ernest Shackleton con un propósito descomunal y no apto para corazones débiles: atravesar la Antártida , desde Vahsel, en el Mar de Weddell, hasta la isla de Ross, al otro extremo. Debido a las duras condiciones del Polo Sur, el buque Endurance acabó atrapado entre el hielo y Shackleton vio cómo sus planes se complicaban hasta arrastrarle a una auténtica gesta que llevó su aguante y el de sus colegas a una cota límite solo alcanzable entre témpanos, temperaturas glaciares y un agotamiento extremo. La hazaña del explorador sirvió también para algo que él probablemente no sospechaba siquiera: acuñar la expresión "factor o síndrome del tercer hombre" . Bien conocida por los alpinistas y que supone, aún hoy, un fenómeno fascinante. "¿Quién es el ...