Rusia ha convertido Ucrania en una escena de Minority Report. Ha enviado a un “soldado” llamado Svod para adelantarse al futuro

A las puertas del cuarto año de guerra, Rusia sigue sin encontrar una fórmula consistente para romper las defensas ucranianas, pese a contar con más efectivos, un flujo de material mucho más estable y un repertorio amplio de tecnologías avanzadas que, sobre el papel, deberían haber inclinado el campo de batalla. Si la guerra en el este de Europa ya era un laboratorio sin precedentes de tecnologías bélicas, Moscú ha dado el paso más inédito de todos.
El problema que Rusia intenta solucionar. Contaban en Forbes que, entre las múltiples causas de ese rendimiento por debajo de las expectativas, hay una especialmente dolorosa: la incapacidad de muchos oficiales rusos en primera línea para tomar decisiones tácticas rápidas y sostenibles en el tiempo, justo las que deciden el resultado de choques locales que, acumulados, determinan una ofensiva entera.
Ese déficit no nace de la nada, sino de la combinación de una cultura militar rígidamente jerárquica, pensada para ejecutar órdenes más que para improvisar, y de una generación de mandos extremadamente jóvenes con experiencia limitada, empujados a liderar unidades en un tipo de combate que castiga sin piedad el titubeo y premia la adaptación inmediata.
El “soldado” Svod. La respuesta anunciada es Svod, una herramienta digital de apoyo a la decisión con IA concebida como un sistema de conciencia situacional táctica para oficiales desplegados en el frente. Su función, según la descripción del Ministerio de Defensa ruso, sería reunir y fusionar en un mismo espacio informativo múltiples fuentes de inteligencia, desde datos satelitales e imágenes aéreas hasta informes de reconocimiento y material de fuentes abiertas, para convertir ese caos de señales en una imagen común utilizable.
A partir de ahí, el sistema aplicaría procesamiento avanzado y modelos asistidos por inteligencia artificial para analizar lo que entra, proyectar escenarios operativos plausibles futuros y orientar al mando hacia el curso de acción más conveniente. La intención de fondo no se oculta: acelerar el ciclo de decisión, reducir la fricción entre “lo que está pasando” y “lo que se ordena”, y guiar a los mandos hacia respuestas más eficaces en un entorno donde cada minuto perdido se traduce en bajas, material quemado y oportunidades tácticas desperdiciadas.
Software conectado a lo que ya existe. Svod no se presenta como un dispositivo mágico que un soldado se cuelga del pecho, sino más bien como una arquitectura de software que se integra en redes y medios ya disponibles. Funciona como una capa que fusiona datos y los muestra a los comandantes en ordenadores o tablets, con comunicaciones seguras y herramientas de apoyo a la decisión.
Lo importante es el efecto que produce: convertir un campo de batalla saturado de señales en algo que parezca legible, y que el mando táctico tenga una guía concreta cuando el entorno cambia más rápido de lo que los escalones superiores pueden seguir.

Despliegue y enfoque. El plan, además, se quiere implementar a toda pastilla: tras varias pruebas operativas en diciembre de 2025, se espera empezar a desplegarlo en abril de 2026 y extenderlo de forma amplia hacia septiembre. De hecho, las primeras unidades en recibirlo estarían implicadas en el eje de Pokrovsk, donde Rusia concentra parte de su esfuerzo ofensivo.
Eso lo retrata como una solución inmediata para corregir fallos de mando y control, no como una modernización tranquila a diez años vista, y explica por qué se prioriza donde el desgaste es máximo y el margen de error mínimo.
Un incentivo perverso. En un ejército como el ruso que premia la obediencia y castiga la improvisación, un mando local puede verse obligado a atacar aunque sepa que es una mala idea. Con la presión constante, algunos ejecutan y acumulan bajas, otros buscan sobrevivir dentro del sistema simulando resultados, enviando pequeños grupos a marcar presencia y usando drones para aparentar éxito.
En ese contexto, Svod pretende empujar a decisiones más coherentes con la situación real, dando al frente una visión compartida y más inmediata sin tocar el núcleo del modelo: seguir mandando desde arriba, pero con una herramienta que reduzca las “sorpresas” y los desajustes.
Minority Report en versión militar. Qué duda cabe, la apuesta tiene algo de escena futurista que ya habíamos visto en el cine: al igual que obras como Minority Report que había jugado con la idea de algoritmos que se adelantan al futuro, Rusia busca adelantarse a lo que va a pasar antes de que pase, con ese “soldado” llamado Svod que calcula, proyecta y recomienda.
La promesa es muy fácil de entender: si el sistema ve mejor y más rápido, podrá anticipar dónde está el punto débil, cuándo conviene presionar y cuándo conviene reajustar el ataque. Es una forma de convertir el combate en un problema de predicción, donde la intuición humana y la improvisación se sustituyen por un mapa vivo que intenta ordenar el caos.
Lo que puede aportar. Si funciona bien, Svod podría mejorar la identificación de objetivos, la coordinación y la detección de huecos en la defensa ucraniana, al igual que otras herramientas parecidas han demostrado valor en otros ejércitos. El problema, muy probablemente, es que su eficacia chocará con la realidad del frente: guerra electrónica, comunicaciones degradadas, datos incompletos y modelos que fallan cuando el enemigo aprende y cambia de patrón.
En ese sentido, Ucrania se ha adaptado con rapidez, y eso hace mucho más difícil que un sistema prediga con precisión lo que ocurrirá después. Aun así, el movimiento es más que significativo: la guerra se está convirtiendo en una competición de sensores, redes y decisiones, y Rusia está intentando que la IA reduzca un problema que le ha costado demasiado caro.
Imagen | Ministry of Defence of Ukraine
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La noticia Rusia ha convertido Ucrania en una escena de Minority Report. Ha enviado a un “soldado” llamado Svod para adelantarse al futuro fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
Fuente: Xataka
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