Con 16 años se preparaba para hackear miles de equipos Apple. Tras años aislado por poder "iniciar una guerra", cambió de bando
Kevin Mitnick tenía 12 años cuando aprendió a manipular el sistema de autobuses de Los Ángeles. Lo hizo tras convencer a un conductor para que le explicara cómo iban los billetes, información que aprovechó para crear sus propios tickets.
A los 16, ya hackeaba sistemas telefónicos y accedía a redes corporativas, iniciando una trayectoria que años más tarde le llevaría a colarse en los servidores de la mismísima Apple mediante técnicas de phreaking e ingeniería social. Pero lo más temido de Mitnick no era su habilidad con las máquinas. Era su don para manipular a la gente como si fuera un software mal diseñado.
Figuras como Muscle Nerd, GeoHotz o IntelBroker han hecho estragos en el mundo de la ciberseguridad. Pero también han sido cruciales para la misma. Porque, mal que pese, muchas medidas se implementan después, se fabrica el antídoto y se parchea la herida cuando esta ya ha hecho el máximo daño posible. Por eso las grandes empresas gastan miles de millones en ciberseguridad.
Apple tiene su propio Apple Information Security (AIS), un equipo dedicado a la seguridad de la información. Su fin es predecir, detectar y responder a las amenazas antes de que se produzcan. Y lo que hacía este chico, Kevin Mitnick, era imposible de predecir.
El fugitivo más buscado por Apple... y por el FBI
Mientras otros adolescentes montan redes LAN para jugar al LoL, Mitnick usaba un Apple II para interceptar líneas telefónicas y así obtener acceso a sistemas protegidos. Este chico sabía que los ordenadores no eran tan vulnerables como las personas que los usaban.
Imitaba el tono y voz de un técnico de sistemas, inventaba identidades y se hacía pasar por administrador de red. Entraba en bases de datos del gobierno y dejaba tan pocas huellas que el FBI tardaba meses en entender qué había pasado.
Su asalto a Apple fue de película. Ya en la década de los 90, mientras era el fugitivo más buscado del país, Mitnick no se conformó con mirar desde fuera: se infiltró de lleno en los servidores corporativos de Cupertino. ¿Su botín? Robó el codiciado código fuente de varios proyectos y software propietario de Apple. No recurrió solo a complejos algoritmos, sino que engañó a los propios empleados de la compañía haciéndose pasar por compañeros con problemas técnicos para conseguir contraseñas. Accedió a sus secretos más valiosos (junto con los de Motorola o Sun Microsystems) simplemente porque quería demostrar que podía hacerlo y para guardarlos como trofeos digitales.
Con 20 años ya era un fantasma digital. No lo digo por decir, así lo llamaron en la época: puedes leer su libro 'Fantasma en las redes', que por cierto, ya cuenta con edición traducida al español.
Al final pasó lo que tenía que pasar: en 1988 lo condenan por primera vez por hackear Digital Equipment Corporation. Resultado: un año de cárcel. Aquel juicio fue el prólogo de lo que vendría después: una persecución federal sin precedentes, un encierro en solitario… y una leyenda que crecería con cada login.
En diciembre de 1994, Mitnick cometió el error de hackear el ordenador personal del experto en seguridad Tsutomu Shimomura. Este se lo tomó como una afrenta personal y lideró un rastreo implacable que parecía sacado de 'La Red', la peli de Sandra Bullock que inspiró el nacimiento de la primera gran pizzería online.
La cacería terminó en febrero de 1995: Kevin cayó en la red en Raleigh, Carolina del Norte, rodeado de 100 teléfonos móviles (obviamente, ningún iPhone), un montón de identidades falsas y las evidencias de sus accesos a los servidores de Apple.
Claro, lo que más preocupaba al gobierno de Estados Unidos no era el robo de software, sino el nivel de conocimiento técnico y psicológico que Mitnick tenía por aquel entonces. Así que, presuntamente, se cebaron con él para escarmentarlo públicamente: un juez federal lo mantuvo aislado durante ocho meses sin acceso a nada, ni llamadas ni visitas, alegando que "podía iniciar una guerra nuclear silbando en un teléfono público", algo que el propio Kevin usaría muchos años después como chiste recurrente.
El caso es que lo tacharon de terrorista digital, pero su caso inspiró reformas en la legislación de delitos informáticos y programas federales de ciberseguridad. Él nunca vendió información, nunca se aprovechó de su conocimiento para enriquecerse ni hacer un daño irreversible. Solo quería saber hasta dónde le llevarían sus invenciones.
Hora de hacer el bien
Así que puso en práctica lo aprendido durante décadas. Tras su liberación en 2000, Kevin Mitnick fundó la Mitnick Security Consulting (cuyas tarjetas de visita, como genialidad hacker, eran un juego de ganzúas 100% funcional), se convirtió en conferencista habitual del DEF CON y Black Hat, y escribió 'The Art of Deception' (2002) y 'The Art of Intrusion' (2005), considerados hoy parte de la bibliografía esencial para entender la ciberseguridad moderna.
Apple no lo contrató, pero sus métodos ayudaron a moldear cómo se diseñan sistemas más seguros y cómo se forma a empleados para no caer en ataques de ingeniería social.
Y mucho ojo porque durante años pasó de ser el fugitivo más buscado del ciberespacio a consultor con licencia del FBI. Falleció en 2023, a los 59 años, víctima de un cáncer de páncreas. Y a día de hoy es tildado como un pope de la ciberseguridad internacional. Normal, en un mundo donde la seguridad depende de la conciencia de quien toca el teclado, su legado recuerda que el mayor agujero de seguridad no está en el código, sino en la confianza de las personas.
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Con 16 años se preparaba para hackear miles de equipos Apple. Tras años aislado por poder "iniciar una guerra", cambió de bando
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Applesfera
por
Isra Fdez
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Fuente: Applesfera
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