Para los locos
Llevo veinte años hablando de Apple y, aun así, sigo pensando que no he sabido contar del todo lo que de verdad importa. No todo está en la superficie. No está en el iPhone quieto sobre una mesa ni en la luz fría de una pantalla cuando todavía no la has tocado. Está en todo lo que ocurre después . En los mensajes que nunca envié y en los que todavía me arrepiento de haber enviado. En las canciones que me hicieron bailar solo por una calle cualquiera y en las que me partieron en dos cuando el mundo se encogía de golpe. En las llamadas que acortaron distancias imposibles, en los silencios al otro lado de unos AirPods, en las notas escritas a toda prisa para no olvidar una idea o una herida. Apple, para mí, nunca ha sido una marca de tecnología. Es el lugar donde muchas veces la vida decide dejar huella. Estas máquinas no viven en los anuncios ni en las vitrinas. Viven en nosotros. En los viajes que planificamos mirando mapas como quien prepara una fuga o una promesa. En las fotos de ...