Auge y caída de los imperios europeos: un viaje de 550 años de colonialismo a través de un esclarecedor gráfico

El 14 de agosto de 1415 en Ceuta, una tropa portuguesa al mando del rey Juan I desembarcó en la ciudad del Norte de África y la conquistó en menos de un día. Esta aventura ultramarina marcaría el pistoletazo de salida de una agresiva política que marcaría la geografía mundial de los siglos venideros: la de potencias europeas tomando posesión de forma permanente de un territorio fuera del viejo continente con voluntad clara de okuparlo, quedárselo y explotarlo. El colonialismo.
El proyecto vinculado a la Universidad de Oxford Our World in Data tiene algunos magníficos trabajos de acceso libre como este o este en los que merece la pena detenerse y echar un vistazo. Los datos del último proceden de Colonial Dates Dataset y están elaborados por el investigador Bastian Becker de la Universidad de Bremen y son los que Visual Capitalist ha condensado en forma de infografía, sintetizando los datos de los mejores historiadores del colonialismo. En pocas palabras: mucha información en una sola imagen que recoge el auge y la caída de buena parte de los imperios europeos.
Portugal, contigo empezó todo. Oficialmente podemos enmarcar al imperio portugués en una franja temporal entre 1415 y 1999. A Portugal no le interesaba tanto expandirse sino tener acceso al oro de África Occidental, a las especias de Oriente y buscar aliados cristianos contra el Islam. Su secuencia de conquistas fue imparable: en 1488 Bartolomeu Dias dobló el Cabo de Buena Esperanza, en 1498 Vasco da Gama llegó a la India, en 1500 Pedro Álvares Cabral tocó Brasil. Su modelo fue el de una red de enclaves costeros, aunque también tuvo grandes colonias territoriales como Brasil, Angola y Mozambique.
El Imperio donde nunca se pone el sol. Poco tiempo después le sigue la España que se estaba formando tras la boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón y la conquista del estratégico e independiente Reino de Navarra. El imperio donde nunca se pone el sol (referida al periodo de Carlos I y Felipe II) está delimitado formalmente entre 1492 y 1976.
España apostó por el control territorial: en cuestión de pocas décadas había derribado los imperios Azteca e Inca a sangre, fuego y viruela. En el siglo XVIII el imperio español cubría 13,7 millones de kilómetros cuadrados y estaba constituido por virreinatos, Casa de Contratación, Consejos de India...un alarde de gobernanza global que se fue de las manos.
Francia, Gran Bretaña y los demás. El verdadero furor de esta política llegó en 1914, momento en el que hubo 101 colonias. El protagonismo recayó en GRan Bretaña, donde la Revolución Industrial constituyó una auténtica ventaja diferencial en forma de capital, ferrocarril y armamento para sentar las bases del mayor imperio de la historia. De hecho, en ese punto álgido más de la mitad de las colonias eran suyas.
Francia se centró sobre todo en África y el Sudeste Asiático, mientras que otras como Bélgica, Alemania, Países Bajos e Italia se quedaron con unas suculentas sobras diseminadas sobre todo en África, pero también en Asia. El mecanismo de la colonización en su máxima expresión quedó sintetizado en la Conferencia de Berlín (1885) donde las potencias europeas literalmente se repartieron África sin que ninguna persona africana estuviera presente.
La cara B de la colonización. El gráfico muestra números, curvas y colores, pero la historia real es bastante más oscura y no solo por el expolio. El proyecto académico "Dartmouth & Slavery Project" de la afamada universidad de Darmouth refleja que el 74% de la población indígena de las Américas fue aniquilada entre 1492 y 1800, ya sea por la violencia directa o por enfermedades frente a la que no eran inmunes.
En África la cosa no fue mejor: entre 25 y 30 millones de personas fueron arrancadas de su hogar para ser esclavizadas, como explica Amnistía Internacional. Las consecuencias no son solo históricas: el colonialismo generó racismo, discriminación racial y xenofobia, como reconoció la Declaración de Durban en 2001.
La gran ausencia: Rusia. El gráfico rastrea colonias de ultramar y ahí Rusia aparece marginal, pero porque donde otros expandían vía mar, el Imperio Ruso lo hacía por tierra: a lo largo del tiempo abarcó Siberia, Asia Central, el Cáucaso y partes de Europa del Este. Este estudio de la Universidad Loyola de Chicago concluye que el Imperio ruso fue "un imperio colonial en negación", con prácticas esencialmente coloniales, especialmente en Asia.
El fin de los imperios: descolonización y herencias. El proceso de colonización fue sin prisa pero sin pausa hasta alcanzar el pico y después, se desplomó. Las dos guerras mundiales agotaron a las potencias a nivel económico, militar y también moralmente (a su población) y en esa coyuntura los movimientos de independencia encontraron el momento perfecto.
Las guerras napoleónicas fueron la ocasión ideal para la descolonización de la América Ibérica y en el siglo XX, la oleada de descolonización barrió África y Asia en pocas décadas, aunque hoy todavía persisten algunos territorios de ultramar en condiciones especiales que, si bien ya no se consideran colonias en el sentido estricto y tradicional del término, siguen con la autodeterminación sobre la mesa.
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La noticia Auge y caída de los imperios europeos: un viaje de 550 años de colonialismo a través de un esclarecedor gráfico fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .
Fuente: Xataka
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