Aprender a frenar
Las etapas de la tecnología suelen contarse a través de los productos. Los ordenadores que llegaron a nuestras casas, las consolas que nos acompañaron durante la infancia, los teléfonos que fueron haciéndose cada vez más inteligentes. Pero cada vez estoy más convencido de que la verdadera división no está en las máquinas. Está en nosotros. En cómo nos relacionábamos con ellas. En cómo nos hacían sentir . Porque hubo un tiempo en que la tecnología era un lugar al que acudíamos para estar con nosotros mismos, pero después fue otro muy distinto en el que la tecnología se convirtió en un lugar al que acudimos para estar con los demás. Recuerdo aquella primera etapa con una cierta ternura. No porque fuera mejor, ni porque la nostalgia tenga siempre razón, sino porque era diferente. Cuando encendías un ordenador, el mundo terminaba en la habitación donde estabas sentado . No había notificaciones esperando. No existía algui...