Elon Musk no quiere solo llegar a la Luna, también quiere convertirla en una fábrica de satélites lanzados con catapultas
¿Qué tienen en común China, SpaceX, Auriga Space y Electromagnetic Launch? Bueno, posiblemente varias cosas, pero una de ellas es que han manifestado su interés en usar cañones de masa para hacer lanzamientos desde la Luna. Dicho a muy grosso modo, quieren emplear catapultas electromagnéticas cargadas con satélites o materiales de construcción hacia otros puntos del espacio.
Hoy por hoy, las tecnologías existentes no están optimizadas para lanzar grandes cargas, pero con tanta potencia interesada no sería raro que finalmente se consiguiese. Las implicaciones éticas serían muchísimas incluso si solo se centraran en la ciencias y las comunicaciones. Sin embargo, podría ser aún peor; pues, según el análisis recién publicado por un experto, la llegada de las aplicaciones militares sería solo cuestión de tiempo.
De las rocas lunares a las ojivas nucleares. La idea del cañón de masa lunar la propuso inicialmente un científico llamado Gerard O’Neill en los años 70. Su idea era usarlos para extraer minerales de la Luna y lanzarlos al espacio para construir con ellos colonias espaciales. Con el tiempo, muchas agencias espaciales, públicas y privadas, se han interesado en su uso. Por eso, el analista independiente especializado en seguridad cislunar Andre Sonntag acaba de publicar un informe en el que relata los riesgos que conllevarían estas catapultas.
Si la tecnología necesaria se optimiza para lanzar grandes cargamentos, podrían usarse para lanzar sondas dirigidas a destruir satélites, proyectiles inertes e incluso naves cargadas con ojivas nucleares. Además, si los lanzamientos se hacen desde la Luna pueden ser más difíciles de detectar por los sistemas de alerta temprana convencionales, por lo que muchos ataques pasarían desapercibidos.
Un diseño ingenioso. En realidad, los cañones de masa son sistemas muy interesantes para el lanzamiento espacial. Consisten en una pista en la que se coloca un electroimán tras otro. Por encima se hace circular un carro metálico que va siendo atraído por dichos imanes. Cada uno de esos electroimanes se activa justo cuando el carro pasa sobre él, dándole un nuevo impulso, de manera que se acelera cada vez más y más.
El objetivo es llegar a los 2,4 kilómetros por segundo, ya que esta es la velocidad necesaria para escapar de la Luna. Cuando esto se consigue, la carga a bordo del carro sale disparada hacia el espacio. En definitiva, se consigue catapultar lo que hay dentro del carro sin necesidad de consumir propelente.
Mejor en la Luna. Este sistema se ha planteado históricamente para su uso en la Luna por dos razones. Para empezar, al contrario de lo que ocurre con un cohete convencional, se alcanza una velocidad muy alta muy pronto. Si el proceso se hiciese en la Tierra, el cohete llegaría tan acelerado a la atmósfera que se incendiaría por la fricción al cruzarla. En cambio, en la Luna no hay atmósfera clásica. Por otro lado, como la gravedad en la Luna es muchísimo más baja, se necesita una velocidad más baja que la que haría falta para escapar por este sistema en la Tierra.
El caso de Elon Musk. En su informe, Sonntag no ha mencionado a ninguna empresa ni agencia. Sin embargo, es bien sabido que Elon Musk habló del uso de estos cañones de masa el pasado mes de febrero. Lleva mucho tiempo manifestando su interés por establecer centros de datos en el espacio y fabricar satélites de IA directamente en la Luna. Con ello se evitarían las limitaciones de energía, gestión térmica y logística de lanzamientos que le supone la Tierra para su ambicioso plan. El vacío del espacio serviría como refrigerante y se podría usar la energía solar para obtener electricidad.
La lista de espera de lanzamientos, además, estaría mucho más despejada que en la Tierra. Para no tener que andar llevando grandes cantidades de combustible a la Luna, su idea es hacer los lanzamientos de esos satélites directamente desde nuestro satélite. Por eso ha hecho ya mención en varias ocasiones a las catapultas electromagnéticas.
Hay legislación, pero es difícil de asegurar. El Tratado de las Naciones Unidas sobre el Espacio Exterior prohíbe terminantemente la construcción de instalaciones militares en los cuerpos celestes. También prohíbe hacer lanzamientos nucleares desde el espacio. Sin embargo, Sonntag señala en su informe que sería algo bastante difícil de comprobar. Por eso, incide en su preocupación si este tipo de sistemas avanzan, dado el interés de magnates como Elon Musk.
Las cargas útiles que se podrían lanzar con las tecnologías actuales son minúsculas. De hecho, lanzar satélites funcionales directamente con uno d estos cañones es ciencia ficción. No obstante, la tecnología avanzará. Para entonces, deberemos estar preparados, pues quienes no tienen escrúpulos en la Tierra tampoco los tendrán en el espacio.
Imagen | SpaceX/xAI
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Xataka
por
Azucena Martín
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Fuente: Xataka
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