MySpace quiere volver en plena era de TikTok e Instagram. Su oportunidad está en todo aquello que las redes actuales han perdido

MySpace quiere volver en plena era de TikTok e Instagram. Su oportunidad está en todo aquello que las redes actuales han perdido

Volver a leer el nombre de Myspace produce una nostalgia curiosa, incluso si no fuimos usuarios de la plataforma. No es solo el recuerdo de una web concreta, sino de una etapa de internet en la que las redes sociales todavía parecían páginas personales antes que máquinas de recomendación infinita. Había perfiles que se decoraban, música que decía algo de nosotros y una identidad digital construida con más torpeza, pero también con más margen propio. Por eso su posible regreso no interesa solo por la antigua red social, sino por lo que su nombre todavía representa.

Qué ha pasado. La posibilidad de vuelta no sale de una campaña nostálgica de usuarios ni de una filtración sin nombre, sino de Tim y Chris Vanderhook, los hermanos vinculados a Viant, la compañía que conserva Myspace. En el documental Myspace, según recoge People, los propietarios lo formulan sin rodeos: "Todavía somos dueños de Myspace. En este momento somos guardianes de la marca Myspace, y vamos a relanzar Myspace. Solo estamos esperando el momento adecuado para hacerlo". 

Qué fue Myspace. Lanzada en 2003, antes que Facebook, la plataforma ocupó un lugar central en la primera gran etapa masiva de las redes sociales. Su propuesta no giraba todavía alrededor de un feed infinito, sino de perfiles personalizables, canciones elegidas por el usuario, listas de amigos visibles y comentarios que convertían cada página en una pequeña carta de presentación pública. También fue especialmente importante para músicos y comunidades culturales, porque permitía descubrir artistas y construir audiencia sin pasar por los canales tradicionales. Ahí estuvo buena parte de su fuerza.

Por qué cayó. La plataforma no perdió relevancia de un día para otro, sino en medio de un cambio de modelo. Facebook ofrecía una experiencia más limpia, más uniforme y más fácil de escalar para usuarios y anunciantes, mientras Myspace seguía asociada a una web más personalizable, pero también más caótica. La diferencia terminó pesando: News Corp, que había comprado la compañía durante su etapa de esplendor, acabó vendiéndola en 2011. Para entonces, el centro de gravedad de las redes sociales ya se había desplazado hacia otro tipo de producto, más ordenado, más medible y más atractivo para un mercado publicitario que ya se estaba moviendo hacia Facebook.

Quién quiere revivirlo. Los Vanderhook no son recién llegados a esta historia ni simples compradores oportunistas de una marca conocida. Según People, se hicieron con Myspace tras buscar una forma de entrar en la operación de venta de News Corp y buscaron sumar a Justin Timberlake como aliado para dar más peso al proyecto. Después intentaron reconstruir la plataforma desde dentro: Chris Vanderhook dice en el documental que levantaron "un Myspace completamente nuevo", pero Tim matiza que ya no era el mismo Myspace. El intento salió caro: aseguran haber perdido algo más de 150 millones de dólares.

Dónde están sus caras históricas. El nombre de Myspace sigue llevando inevitablemente a Tom Anderson y Chris DeWolfe, dos de sus figuras más reconocibles, aunque el equipo fundador también incluyó a Aber Whitcomb. Esa asociación pertenece más a la historia de la plataforma que a su posible nueva etapa. Anderson quedó convertido en una figura casi pop de aquella internet, el primer contacto que muchos usuarios encontraban al abrir su perfil, aunque su vida pública posterior se ha movido lejos del centro de la industria tecnológica. DeWolfe también siguió otro camino después de dejar la compañía. 

Qué queda hoy. Myspace sigue existiendo y cualquiera puede entrar hoy en su web para comprobar qué queda de aquella plataforma que marcó las redes sociales hace casi dos décadas. La experiencia, eso sí, luce muy diferente a la que muchos recuerdan: encontramos música, vídeos, perfiles, contenidos y acceso para usuarios, pero ya no estamos ante la gran red social que marcó la segunda mitad de los 2000. Lo que permanece es una marca que sobrevivió al cambio de época, aunque ahora el reto no sea volver a estar online, sino recuperar la relevancia que perdió.

Por qué importa ahora. El relanzamiento encaja porque llega en una etapa en la que la fatiga con las redes sociales ya no es solo una sensación difusa. La literatura académica habla de social media fatigue y estudios de los últimos años, de Pew Research Center a Ofcom y GWI, han señalado preocupación por el tiempo de uso, hábitos más pasivos y señales de desconexión parcial. Esa es la ventana narrativa para una marca asociada a una internet menos dominada por algoritmos. El problema es que una buena historia no basta: Myspace tendría que demostrar que puede atraer usuarios, retenerlos y convencer a los anunciantes.

Imágenes | MySpace 

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La noticia MySpace quiere volver en plena era de TikTok e Instagram. Su oportunidad está en todo aquello que las redes actuales han perdido fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .




Fuente: Xataka
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